Bueno, aquí estamos, a cincuenta y pico de horas de haber llegado a New York.
Por mi parte, debo decir que tengo sentimientos muy encontrados. Recién ahora puedo sentarme a escribir estas líneas, mientras disfruto una cerveza polaca que no llegué a entender cómo se llama pero que definitivamente tengo que averiguar, ya que es deliciosa!!! Estamos en el Lower East side, un lugar al que nunca había venido en mis viajes anteriores. Hoy, un poco por malhumor, descubrimos nuevos lugares… El plan inicial era un brunch “al fresco” (ya que Tany venía con nosotros) en el Soho. La verdad es que pocos eran los lugares que tenían mesas afuera para comer y además el barrio rebalsaba de gente. Así escomo nos alejamos un poco y encontramos un lugarcito en la esquina de Lafayette y Spring. Desde allí llamé a mami vía mi nuevo celular, adquirido ayer y aún prácticamente no estrenado, ya que no he tenido tiempo de familiarizarme con él… Es divino, pero es “touch” y aún no logro embocar mis deditos en él.
Pero bueno, mejor empiezo desde el principio…
Y eso es el miércoles 31 a las 17:30 horas, en Buenos Aires, cuando mamá estaba con una puntualidad inglesa (o es suiza? nunca recuerdo…) en la puerta de casa esperando para llevarnos al aeropuerto. Yo, aún sin vestir y con cosas aún por guardar. La verdad es que recuerdo los últimos días y el desarme de la casa como un infierno, algo que solamente pude pasar gracias a la ayuda de mamá y Lucre especialmente. Nuevamente agradezco a quienes nos bancaron tanto los últimos días: Marce, Edu, Diego, Luciano… estuvieron presentes en un momento muy importante para nosotros; su presencia ha sido más que memorable.
Continuando con ese día y para no hacerlo tedioso, les resumo en que salimos de casa 18:15 (45 minutos tarde) sólo para descubrir que nuestras cinco valijas a despachar, las dos “carry-on” y los dos bolsos, más el bolso de Tany con perrito incluído, no entraban en el “barco” de mamá (cosa que ella había previsto pero nosotros, muy confiados, no). Así fue como, por obra y gracia de Dios, en menos de diez minutos pudimos encontrar una Meriva que nos salvara. Juancho se fue en el taxi Meriva con mitad de valijas, yo subí a cerrar la casa y desparramar un par de acariciaditas de pared por ahí, y luego salimos en el auto de mami con el resto de las valijas rumbo a Ezeiza. El tránsito: un infierno. Tanto en la salida hacia la autopista como en la misma. “Long story short”: llegamos a Ezeiza con el vuelo por cerrar, a las 19: 40 horas y logramos hacer check-in con una diosa total que se enamoró de Tany y por ende, hizo caso omiso a que cada valija pesaba entre 28 y 30 kilos y cobró solamente el exceso de cantidad de una valija (Lucre: sabé que la balanza que ligaste miente… cómo puede ser que en casa las valijas pesaran 22/23 kilos y en el aeropuerto 28/30?????). Para hacer esta experiencia aún más memorable y bizarra, sucedió lo que nunca en nuestra vida habíamos visto (no es que yo tenga mucho viajado, pero Juancho sí, y él tampoco jamás había visto algo así): la cola de migraciones llegaba hasta afuera de la entrada, de hecho, hasta las escaleras mecánicas… De ese modo al llegar a la entrada, la despedida con mamá se hizo forzosamente corta (debido a la cola de gente atrás) y esa parte me la reservo.
…
Los minutos siguientes fueron vertiginosos, como nada que hubiese vivido. De migraciones a la puerta de embarque pasaron escasísimos minutos y de más está decir que el free shop no me vio ni la cara (mami, era mentira lo que Juancho te dijo!!! La puerta de embarque que nos tocó -la 2- es la única que no exige que pases por el medio del free shop, así que ni siquiera lo pisé). Como en una película, el avión nos estaba esperando y subimos sin siquiera una persona por delante (claro, estaban ya todos adentro).
Sonará tremendamente cursi pero mientras esperábamos el despegue no podía sacarme de la cabeza “mi Buenos Aires querido” y bueno, tantas otras cosas. Y nuevamente, los minutos siguientes me los reservo…
…
El avión despegó y mi mayor preocupación (Tany y sus oiditos…) no se dieron por enterados. El viaje fue muy bueno, con poca turbulencia y con Tany como si toda su vida hubiese viajado en avión. Desde ya que se compró a la azafata y la regulación de que los animales en cabina deben ir en su bolso y permanecer en él, debajo del asiento de adelante, quedó olvidada. No cenamos tan bien, Tany sí (Maru: el huevito de Pascuas le encantó y logró hacerla comer! Gracias, mil gracias! Cómo la pegaste, sis!). Pasamos la noche juntas, el bolso abierto en mi regazo y con mi mano sobre ella (pensé en dejarla en el piso pero la loca se sentía tan cómoda que en un momento Juancho tuvo que atajarla porque quería irse a pasear por el avión) dormimos lo que pudimos (ella porque le provocaba mucha sorpresa la voz del comandante pidiendo que abrochásemos los cinturones cada tanto y yo, porque mis ojos hinchados y mi juanete derecho me dolían a morir!!!). Juancho, por su parte, largo como es, se las vio negras intentando encontrar una posición cómoda, creemos que el moretón en su “rabito” se debe al recuerdo del apoyabrazos incrustado.
Llegamos a Washington a las 6:15 am (nótese que con el cambio de geografía cambié el modo de poner la hora J); volvimos a hacer migraciones (nos tocó un negro di-vi-no que supervisó mi visa y me hizo muy pocas preguntas, fue extremadamente agradable), despachamos valijas nuevamente y nos subimos a la avioneta (Bombardier c100, creemos) que nos llevaría New York… Ok, no era una avioneta, pero comparada con los mega aviones que ahora existen era no más que eso.
Y llegamos…por una ruta diferente a la que yo conocía (no sobrevolamos el cementerio de Queens) y todo fue diferente (antes, durante y después del viaje) a lo que yo esperaba…
En el aeropuerto de NY no estaba el remise de la empresa esperándonos (con lo que yo soñaba con ver mi nombre en un cartel! Like in the movies, you know?) y llamados mediante a la empresa, luego de una horita, nos vinieron a buscar para llevarnos al temporary housing. Al llegar al mismo, cito en 336 East 94th street (a dos cuadras del Spanish Harlem) nos estaba esperando David (my new BFFL –best friend for life). Al enterarme de que el depto era en el cuarto piso por escalera casi me da un infarto… cómo subir cinco valijas de 30 kilos cada una? Bueno, la respuesta es, con un marido y un David… gracias a Dios por David y por Maribel (quien supuestamente tenía que recibirnos y no pudo, por lo que mandó a David). Llegamos, hablé con mami vía celu de David, quien luego nos acompañó hasta el subte para mostrarme cómo ir a la oficina al día siguiente. El resto del día lo tuvimos libre (a partir de las 3 pm aproximadamente), y fuimos a almorzar a dos cuadras, en un lugar muy amoroso, “The barking dog”. Luego reptamos hasta el Central Park a la altura de nuestro apartment (lago del Jacquline Kennedy Onassis Reservoir) y luego, volvimos arrastrándonos de sueño al departamento para pedir una pizza en la esquina de casa e irnos a dormir. De más está aclarar que fue un día tremendamente agotador y estoy más que agradecida de que no me hayan hecho ir a la oficina, porque no sé cómo hubiese hecho.
El día 2 fue llevadero, tuve que ir a la oficina a las 9:30 y por más que el sueño resultó reparador, igual sentía un cansancio tremendo. Almorzamos allí en medio de reuniones y presentaciones pertinentes. El almuerzo es todo un tema aparte… pidieron varias pizzas. Dios, qué manera de ponerle cosas extrañas a la pizza these people! Muzzarella con brócoli y trozos de milanesa? Can u believe it? La que elegí es una típica de aquí, con red Peppers, que es deliciosa.
Luego, para sacar la línea celular tuvimos que pasar por Times Square… qué barbaridad! Ese lugar no tiene comparación, te deja sin aliento cada vez. Creo que ahí comenzó a caerme la ficha de dónde me encontraba realmente. Al terminar con el trámite, nos encontramos con amigos y tomamos algo en el Hard Rock, para volver nuevamente a casa, agotados, a las 12 am, con un día nuevo habiéndose volado.
A dónde se va el tiempo estos días, no lo sé… it´s actually amazing.
Y eso nos lleva al día de hoy, en el que nos levantamos sin despertador por primera vez en más de un mes, para salir a nuestra desventura “Sohil” que terminó bastante bien.
Para terminar paseamos un rato por el middle town y sacamos algunas fotitos, y luego nos volvimos a casa a las 10 pm. Supongo nos iremos a descansar temprano, hay que recobrar energías para la semana que se viene. No sin antes pasar por la experiencia de nuestro primer delivery chinese, ajá, con fortune cookies incluídas… Y sí, si estamos acá, desconcertados, confundidos e intentando por todos los medios “que no decaiga”, al menos que valga la pena, no?
FOTOS: http://picasaweb.google.com/EDZQ.ERIKADZIOUKSZ/201004DIASO12Y3#E.D.
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